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02 agosto La Imagen Urbana de TrujilloHacia setiembre del 2005 hice una investigación base sobre la Imagen Urbana de Trujillo. Despotricaba contra los burócratas del INC y el Municipio, sin saber que por azares del destino iba hoy a estar sentado en las oficinas de la Gerencia del Centro Histórico de la ciudad. Bueno, retomando trabajos pasados pero que no han perdido vigencia, me sirven hoy como un derrotero a seguir para cambiar esta ciudad que necesita mano fuerte y, tal como lo sugería, decisiones técnicas y no políticas.
La Imagen Urbana de Trujillo. Realidad y problemática.
A las seis de la tarde llegamos a Trujillo, ciudad regular, sosegada, de una fisonomía que recuerda a la Edad media. Se pasa por algunas calles bordeadas de muros enormes y sin ventanas: son muros de conventos; la calle principal y la plaza son muy españolas con sus casa de techos planos, sus balcones-verandas y su santito en un nicho. La media naranja (pequeña cúpula) de una iglesia, el frontón de una capilla, la cruz de un oratorio autorizado, dan a las calles siluetas accidentadas. En ellas se ven monjes, blancos verde-agua, pardos, azules, negros, descalzos, con la cabeza afeitada, montados sobre asnos de aire grave y resignado, armados de un breviario o de un parasol, sonriendo a las mujeres, bendiciendo a los niños, haciendo colecta de grandes monedas de cobre o pequeñas de plata, pollos, legumbres, fruta, recogiendo dinero en la manga y amontonando el resto en albardas enormes.
Todo este catolicismo pintoresco, que no se conoce ya en Francia, da un color arcaico al país y un sello original a la sociedad en medio de importaciones extranjeras de toda clase, de todas las procedencias y de todos los precios.
También nada más delicioso que un paseo por Trujillo una hora antes del ocaso. Las casas bajas, los grandes conventos, las iglesias polícromas, son de un aspecto acogedor…(1)
Este añejo relato de lo que era Trujillo en los años previos a la guerra con Chile, nos lo deja el vienés Charles Wiener en su obra Pérou et Bolivia, editada en París hacia 1880. Sin embargo, ¿qué diría Charles Wiener si se diese una vuelta por Trujillo en el presente? Lo primero que haría es preguntarse si está en la misma ciudad en la que era la que recorrió hacia 1876 y de la que dijo que era un gusto disfrutar antes del ocaso. En los ocasos actuales, la barahúnda provocadas por los taxis, la desigualdad en alturas y formas de las edificaciones, la sobresaturación de avisaje comercial y una acelerada dinámica urbana, nos muestran que el apacible Trujillo ha cambiado drásticamente…
Tanto Charles Wiener como nosotros, para describir estos momentos tanto del pasado como del presente, hemos requerido imperceptiblemente de complejos procesos mentales de cognición y percepción que intentaremos simplificar para una mejor comprensión de la lectura de la ciudad.
Percepción y Cognición
A través de su historia, el hombre ha desarrollado la capacidad de interrelacionarse con el medio ambiente natural y construido, percibiendo, otorgando significado y organizando conceptualmente los espacios y edificaciones que lo rodean. Con el tiempo, mediante los fenómenos de la percepción y la cognición esta capacidad se incrementó en complejidad proporcional al desarrollo de las ciudades que el hombre creó y ocupó.
La percepción es la representación mental de algo que nuestros sentidos han captado y nuestra mente puede entender. La cognición es el hecho por el cual esa representación mental que nuestros sentidos han percibido pasa a ser reconocida, y posteriormente interpretada y explicada.
La diferencia principal entre percepción y cognición consiste en que “cuando se describe la captación sensorial directamente del medio ambiente, se habla del término percepción y cuando se usa para interpretar el cómo las personas estructuran, aprenden o conocen su medio, el término es cognición.”(2)
Por ejemplo, si nos encontramos frente a la catedral de Trujillo, notaremos por medio nuestros sentidos que sobresale por forma, ubicación, color, altura, etc.; entonces, hemos percibido la catedral. Pero una vez que la hemos fijado mentalmente, y la reconocemos como un edificio religioso, de características históricas, que es parte destacada del perfil de la Plaza Mayor, hemos desarrollado automáticamente un proceso de cognición.
Adicionalmente a estos procesos, el ser humano a través del tiempo ha desarrollado una percepción polisensorial, la que le permite captar a la vez diferentes estímulos del medio ambiente. Posee asimismo la denominada percepción alocéntrica, que utiliza los receptores de distancia -ojos, oídos y nariz- para relacionarse con los objetos distantes, y percibir formas, colores, texturas, tamaño de los objetos, así como el espacio, sus relaciones y su tridimensionalidad. De este modo, el sistema visual percibe a pesar de la distancia la forma y color de los objetos por medio de imágenes. El sistema auditivo reconoce y recibe los sonidos del medio urbano, mientras que por medio del oído interno se perciben las anomalías de orientación y desplazamiento. El sistema olfativo por su parte, recibe olores del medioambiente que se almacenan en la memoria y nos permiten más tarde la recordación.
Es así, gracias a estos sistemas, como el ser humano puede apreciar, recordar y reconocer a las ciudades en que habita… es así como el ser humano puede percibir la imagen urbana de la ciudad.
¿Qué es la imagen urbana? La imagen urbana es la apariencia físico-espacial que presenta una ciudad o poblado, aunada al impacto sensorial generado por el tráfico peatonal, el flujo vehicular y las dinámicas urbanas con sus consiguientes olores, colores, texturas, etc.
La imagen urbana constituye de esta manera el marco visual de los habitantes y de los visitantes, encontrándose determinada por las características del lugar, costumbres y usos de su población. En su composición intervienen tanto elementos reales como situaciones particulares que definen las características de un espacio urbano. Sus componentes principales son:
1. Elementos naturales: clima, topografía, hidrografía, y vegetación. 2. Elementos construidos, volúmenes y espacios. 3. Dinámica humana y/o vehicular 4. Dinámica ambiental constituida por el conjunto de olores, sonidos, texturas, colores, etc., propios del espacio social-urbano. (3)
Intentemos como ejemplo una lectura de la imagen urbana que presenta la quinta cuadra del Jirón Pizarro de Trujillo. Imaginemos que caminamos por esta calle en horas en las que se ha restringido el tránsito vehicular, en una tarde de verano con un sol radiante cayendo sobre ella: el clima es el primer factor que apreciamos inconscientemente. Podemos notar a continuación que presenta una topografía con una pendiente casi imperceptible, enmarcada dentro del clima propio de la ciudad. La vegetación existente es escasa y colocada en jardines construidos, encontrándose en la plazuela de la Iglesia La Meced y en un atípico jardín situado en la vereda frente a la plazuela que rompe la regularidad de las fachadas a plomo. Todas estas consideraciones nos permiten notar los elementos naturales de la imagen urbana.
Si apreciamos la calle tanto de frente como de perspectiva, notaremos que muestra un perfil urbano relativamente parejo, alterado por la presencia de una edificación predominante y que presenta aún ejemplos de arquitectura característica de importancia, con tipologías bien definidas y enriquecidas por la volumetría de la Iglesia La Merced y su correspondiente plazuela. Notaremos que hay una regularidad compositiva, que muchas de las edificaciones presentan una serie de códigos arquitectónicos como ventanas, balcones, portadas, etc., que nos dicen que son parte conformante de un estilo específico. Notaremos igualmente que hay colores característicos en las edificaciones, y que algunas de ellas se encuentran limpias y en buen estado, y otras descuidadas y con menor grado de conservación. Es posible observar también la presencia de dos balcones de edificaciones contiguas que evidencian un manejo inadecuado de la escala en uno de ellos, pues puesto uno al lado de otro se aprecia una gran diferencia de, pareciendo que el más pequeño ha sido puesto “a la mala”, pues no guarda las proporciones adecuadas de escala ni de llenos y vacíos en su fachada.
También observaremos que en varias edificaciones hay unos desagradables letreros comerciales, desproporcionados y escandalosos, que afean y rompen la sobriedad visual de la arquitectura típica. El avisaje comercial cuando es demasiado notorio se convierte en una especie de elemento arquitectónico indeseado, de tanto o más importancia que una ventana o un balcón, pues su ubicación, tipo de iluminación, tamaño y otras características, lo hacen parte importante en la composición de una fachada.
La volumetría que presentan estas fachadas en conjunto generan la configuración espacial del jirón, la cual es sencilla y se encuentra amenizada por la abertura espacial que significa la plazuela La Merced y el atrio de la iglesia contigua. Al realizar todas estas apreciaciones, hemos reconocido los elementos construidos conformantes de la imagen urbana.
El conjunto espacial y arquitectónico pese a todo es agradable y atractivo. Como estamos en una hora en la que no hay tráfico vehicular, es posible apreciar los detalles de esta calle pues se puede caminar libremente y solo hay una dinámica comercial y peatonal aceptable y hasta agradable. Sin embargo, si caminamos por la misma cuadra en horas en las que el tráfico está abierto, notaremos una desagradable sensación de opresión pues la sobresaturación del parque automotor y por el excesivo número de taxis que convierten en una molestia lo que en otro momento era un placer. Si a esto sumamos los bocinazos, el enrarecimiento del aire producto de las emanaciones de gases de los vehículos, la estrechez de las veredas y el stress urbano, completaremos una imagen urbana desagradable, caótica y nada atractiva ni para un poblador ni para un posible turista. (Este es uno de los motivos principales por el que debemos incentivar y apoyar todos los procesos de peatonalización posibles, por que la ciudad es de sus habitantes y no de los vehículos). Con estas apreciaciones, hemos percibido y conocido las dinámicas humanas, vehiculares y ambientales del jirón que tomamos como ejemplo.
Semiótica e identidad en la imagen urbana
Al ser la arquitectura un hecho cultural, lleva implícita una serie de códigos que la semiótica nos ayuda a leer. De este modo, la ciudad se transforma en un libro abierto, donde el “iniciado” puede leer el desarrollo de una sociedad en sus edificaciones, que actúan como las palabras de un texto, indicándonos su tecnología, sus costumbres, su economía, etc. (4)
La ciudad es un mundo mágico, que emana un grado determinado de atracción perceptible no solo para quienes habitan en ella sino también para aquellos que la visitan. Ciudades como París, Barcelona, Buenos Aires, Cuzco, tienen un atractivo místico que perdura a través de los tiempos, y que se mantiene gracias a la sensación de pertenencia que sus habitantes han desarrollado, y que los han llevado conjuntamente con sus autoridades a encontrar la manera de presentar orgullosamente al mundo ciudades ordenadas, limpias, con una definida imagen tradicional y con los tesoros arquitectónicos y artísticos que solo el respeto a la historia permite conservar.
Estar en una ciudad de estas características genera una sensación de atracción, de pertenencia y de bienestar como la que se siente al entrar a una casa bien cuidada, ordenada, limpia, con estilo. ¡Que diferencia de las sensaciones que nos genera un lugar desaseado, desordenado, lleno de caos y de ruido!
Sin embargo, aunque se suele dar más importancia a las zonas históricas, la imagen urbana existe en todos los lugares de la ciudad. Todos los esfuerzos se vuelcan hacia el Centro Histórico, porque lógicamente es la parte que concentra las actividades económicas, administrativas y culturales de las pocas que hay. ¿Pero que hay de las zonas contiguas al centro histórico, de las urbanizaciones, del resto de la ciudad? En realidad es allí donde se puede leer con mayor detalle a la sociedad, a la identidad de sus habitantes, a su grado de educación y por que no decirlo, de civilización: no todos los que habitan en una ciudad son necesariamente civilizados, lo pueden ser por una interpretación etimológica pero no en el sentido amplio de la palabra.
La imagen urbana es una parte importante de este gran sistema llamado ciudad, y ya que representa el aspecto tangible de la misma, podrá leerse como hemos visto tanto en las fachadas, en el perfil urbano, en las proporciones y relaciones entre alturas y ancho de vías, en su unidad volumétrica, etc., así como en el nivel de ruidos, de contaminación atmosférica, visual y sonora, en el orden, en el grado de conservación y limpieza y en los flujos peatonales y vehiculares. Asimismo se leerá en la coherencia estilística y en la armonía en que las nuevas edificaciones se integren a las ya existentes, que en algunos casos se conservan intactas y que en otros han sido irrecuperablemente alteradas.
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